Estas Fiestas Patronales de Yecla, con todo merecimiento, fueron declaradas de interés turistico". Pero para su perfecta comprensión es necesario vivirlas. Hay que estar en ellas. Hay que ver la airosa armonía del Juego de la Bandera, y oir el estampido de las arcas cerradas, y contemplar la policromía - rosa, blanco, azul- de los pajes, y saborear la obligada gastronomía de cada fecha (gachasmigas, gazpachos, pelotas de relleno, colación, libricos, mistela, etc., y observar los mínimos detalles de un rigido ritual con pátina de siglos. Y sentir la fe de un Pueblo que sube cada sábado, desde 1870, a rezar la Felicitación Sabatina, para mantener despierto el fervor mariano.
Estas fiestas son, en resumen, un precioso tesoro de fe, de belleza y de historia, con una definida y acusada originalidad. Yecla es consciente de esta singularidad más que tricentenaría y, por ello, acoge en diciembre a miles de visitantes. Ninguno queda defraudado.
Miguel Ortuño Palao.
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